El Teorema de Bayes, Munger y el comportamiento

Pensar como Bayes y actuar como Munger

El teorema de Bayes no es solo una fórmula matemática escondida en un manual de estadística. Es toda una filosofía de pensamiento, una invitación a recalcular las probabilidades de estar en lo cierto cada vez que algo nuevo sucede.

Según Bayes, toda creencia debería ser revisable y revisitada, y cada vez que aparece y nos llega nueva información, lo racional es ajustar nuestra posición y perspectiva. En otras palabras, pensar de forma bayesiana significa aceptar que la certeza es, en términos generales, meramente provisional. Nada está cerrado, nada suele ser definitivo, cada idea, cada hipótesis, cada convicción personal o profesional, debería estar sometida a la condición de que es así… “de momento”. Sin embargo, la realidad es bien distinta, porque cambiar de opinión no es solo un ejercicio intelectual, es una experiencia psicológica compleja. Supone admitir que uno estaba equivocado, y, a menudo, implica enfrentarse a la posición del grupo, sobre todo si el grupo permanece en la creencia “antigua”. Aquí es donde aparece con brutal honestidad la proposición de Charlie Munger:

“Adquiere sabiduría mundana y ajusta tu comportamiento en consecuencia. Y si ese nuevo comportamiento te hace impopular, al diablo con ellos.”

Munger no hablaba de probabilidades, sino de carácter, aunque, en el fondo, ambos (Bayes y Munger) comparten el mismo principio, la racionalidad no termina en el pensamiento, sino que se demuestra en el comportamiento posterior.

El precio de actualizar tus creencias

Actualizar una creencia, un pensamiento, una postura, debería ser un signo de inteligencia, pero socialmente se percibe como una debilidad. Quien cambia de opinión se arriesga a ser visto como voluble, contradictorio o poco fiable (y eso sí tiene sentido si se cambia de opinión a diario…). Por ello, la mayoría prefiere mantener la postura expuesta hasta ahora, incluso cuando los hechos la contradicen. En los mercados financieros, en la política o en el trabajo, es habitual ver a personas atrapadas por sus propias declaraciones y actuaciones pasadas.

En contextos corporativos y públicos, la coherencia mal entendida, o la coherencia equivocada, se ha convertido en una “virtud”, una especie de ancla psicológica que impide la adaptación y la innovación. Se aplaude al que sigue en el camino de siempre, incluso cuando el mapa está equivocado y ya no sirve.

La verdadera coherencia no consiste en no cambiar, sino en cambiar cuando corresponde.

humildad, integridad y coraje

Pensar de acuerdo con el teorema de Bayes exige humildad. No se puede actualizar una postura o una creencia si uno no está dispuesto a admitir que pudiera estar equivocado. Implicaría observar la realidad con una mente abierta y aceptar que la verdad no depende de las preferencias personales. Actuar como Munger es cuestión de integridad y coraje, la valentía de ajustar la conducta cuando lo aprendido contradice lo que proponías y hacías antes. La humildad es intelectual y la integridad y el coraje son la confirmación conductual. La combinación de todas es lo que define el pensamiento verdaderamente racional y la capacidad de avanzar, aprender, modificar posturas y conductas.

Pero vivimos en una cultura que idolatra la consistencia (sobre todo de la jerarquía superior) y desprecia la revisión. Se espera que los líderes no duden, que los expertos no rectifiquen y que las empresas no cambien de rumbo. En los mercados, una tesis revisada se interpreta como una pérdida de convicción, en política, como debilidad y en las redes sociales, como incoherencia. En realidad, debería ser todo lo contrario, la capacidad de revisitar y estar dispuesto a poner en duda la posición propia a la luz de nueva evidencia es una muestra de fortaleza cognitiva y ética. El teorema de Bayes, aplicado a la conducta, es una invitación a vivir de manera más científica, a observar, ajustar y seguir aprendiendo sin la necesidad de parecer infalible, a progresar, en definitiva. Bayes te da el método y Munger propone la actitud.

Racionalidad sin servilismo

Pero, ser bayesiano en un mundo tribal, es una forma de disidencia, de rebeldía. Implica resistir la presión de grupo y aceptar que la verdad puede ser incómoda. Porque cambiar lo que haces, cuando todos a tu alrededor siguen igual, rompe las reglas no escritas de adherencia y pertenencia al grupo. Puede hacerte parecer inconstante, “poco firme”, incluso arrogante.

Significa priorizar la evidencia sobre el aplauso, el análisis riguroso sobre la pertenencia a la manada. En el ámbito de la inversión, esto se traduce en mantener la independencia de criterio incluso cuando el mercado entero parece convencido de lo contrario. En la vida cotidiana, significa evitar dogmatismos y pensar en probabilidades.

En resumen, Thomas Bayes nos enseña a pensar en términos de probabilidad, no de verdades absolutas, y Munger nos enseña a actuar en función de esas probabilidades, no meramente del consenso. Ambos sabían que la racionalidad es a veces lenta, muchas veces incómoda, y casi siempre solitaria. Pero también es la única vía hacia la sabiduría práctica, la que combina lucidez con independencia. Cambiar de opinión cuando los hechos, la evidencia cambia, no es un signo de debilidad, sino todo lo contrario. Persistir en una idea equivocada solo por mantener el aplauso del grupo te convierte en una marioneta sin capacidad y opinión propia.

Así, cuando la información cambia, hay que analizarla y adaptarse (…coherentemente). Siempre puedes equivocarte, pero si lo haces con rigor, con datos y con autocrítica, sigues más cerca de la verdad que quien nunca duda o cambia.

Y si el coste de todo ello es una pérdida de popularidad… bueno, ya sabes lo que diría Munger:

“…to hell with them.”


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Where rational thought meets uncomfortable truth.


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